(CINE) Los Hermanos Marx en el Oeste

Hacía tiempo que no visionaba una película de los hermanos Marx, cuando uno está con el estado de ánimo un poco bajo que mejor manera que desconectar de la realidad y que sea el caos y la anarquía del trío el que se apodere de tu mente. Esta ocasión la elección ha sido Los Hermanos Marx en el Oeste, una cinta que queda, para mí entender, muy lejos de sus mejores films (Sopa de Ganso, Plumas de Caballos, Un día en las Carreras) aunque, cómo en todo su filmografía, tiene destellos muy brillantes que ya bien vale por carreras enteras.

Este largometraje, publicado en 1940, supuso la décima obra de los hermanos en Hollywood y penúltima con la compañía MGM. Tras su siguiente entrega, Tienda de Locos, el trío anunció su retirada del cine, pero, la delicada situación económica de Chico por culpa de su adicción al juego, les hizo volver con dos películas más: la enorme Una Noche en Casablanca, de 1946, y Amor en Conserva, de 1949.

La línea argumental no puede ser de lo más simplona, siempre salvada de manera sobresaliente por las cómicas situaciones en el mismo instante que aparecen los tres hermanos en el mismo plano. Ambientada en plena fiebre del oro que vivió los Estados Unidos a finales de siglo diecinueve, el buscavidas Quentin Quale (Groucho) se dirige al oeste en busca de fortuna. La misma idea tendrán los picaros hermanos Panello (Chico y Harpo), a quienes, una vez iniciada la búsqueda de oro, les cae del cielo la escritura de unos terrenos, a priori sin valor alguno, pero muy codiciados por una compañía de ferrocarriles. Sus malas cabezas les harán verse envueltos en una disputa con un despiadado hombre de negocios por quedarse con los poderes de las tierras.

El largometraje cuenta con la recordada escena final donde, a bordo de los mandos de la locomotora de vapor, el trio de chiflados intenta llegar antes que sus adversarios al Registro de la Propiedad para hacerse con las tierras.  Al grito de Groucho de la célebre frase de "Más Madera" mientras el loco Harpo destroza los vagones del tren, la escena pasa a la historia cómo una de las grandes del cine. 

Aunque el film también tiene otro de los grandes momentos dentro de la carrera de los Marx. Y es que la cinta arranca con otra delirante escena con los tres en la estación de ferrocarril y el famoso mágico billete de diez dólares. Entre medias, grandes momentos dentro del sentido de la comedia Marx, cómo el robo de la escritura con Harpo sacando mil y un artefacto de su bolsillo, o la negociación a bordo del tren con el representante de la compañía de ferrocarriles.

En líneas generales, no hablamos ni de cerca de la mejor película Marx, quizá el final de carrera se les estaba acercando, pero solo por volver a disfrutar una vez más de las escenas anteriormente comentadas, cualquier visión vale la pena.






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About Toni Martos

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