(CONCIERTO) Bryan Adams - Barcelona 30 de Enero 2016


Tras muchos años de tener la discografía del canadiense en el mayor de los olvidos, he de decir que una ferviente excitación recorría mi cuerpo a medida que se acercaba la fecha del concierto. Y es que la reciente trilogía publicada por el artista (empezando por el tratamiento deluxe de su obra cumbre Reckless con infinidad de descartes y directo de la época, seguido del disco de versiones de clásicos de rocknroll, y por último su flamante obra Get Up!, producida por Jeff Lynne y compuesto a medias por su inseparable Jim Vallance, y que es lo mejor que ha publicado en años) me ha servido para re encontrarme con la música de un artista que siempre ha jugado en los límites de la autenticidad rockera.

Mi única experiencia anterior con el canadiense se remonta al 1999, hace prácticamente diecisiete años desde la fecha, curiosamente era hasta la fecha su última actuación en el Palau Sant Jordi barcelonés, aunque en aquella ocasión en aforo completo. El concierto entraba dentro de la programación del disco On A Day Like Todayun trabajo intimista donde el artista abusó demasiado de medios tiempos alejándose definitivamente de su vertiente más rockera. Presentándose cómo trío, con Bryan al bajo junto a sus inseparables Keith Scott a la guitarra y Mickey Curry detrás de los parches, el concierto disto de lejos de aquellos célebres recitales de principios de década que la gente de la Ciudad Condal se vanagloriaba de haber asistido. 


 Por suerte el cantante ha sabido enfocar de nuevo su carrera por la senda correcta, Get Up! es lo suficientemente bueno cómo para no animarme a presenciar esta nueva vista a territorio peninsular. Desconocía totalmente cual iba a ser la afluencia de público sabiendo de antemano que el recinto iba a ser cortado directamente a la mitad para este concierto, además que el artista ya hace muchos años que bajó de la cumbre de la popularidad, sin embargo, el papel estuvo bien cerca de agotarse. Unas 8000 personas subieron  hasta lo más alto de Montjuic, un público por cierto de lo más variopinto, algo habitual en este tipo de celebraciones masivas.

El escenario es sencillo pero muy visual, con una gran pantalla central, donde se proyectarían diferentes vídeos que acompañaban a cada canción, y dos pantallas laterales mostrando la interpretación de los músicos. Tras una corta espera donde pudimos deleitarnos con una excelente colección del mejor classic rock (desde Blue Oyster Cult a The Rolling Stones, pasando por Van Halen), el concierto arrancó con unos pocos minutos de demora tras la hora convenida, arrancando el show con la enérgica Do What You Gonna Do, del trabajo a promocionar. La excitación del público es más justificada por la entrada del rubio cantante a escena que por la canción en sí, le sigue el primer clásico de la noche, Cant Stop This Thing We Started, y a partir de aquí el rockero canadiense encendió la gramola para desgranar los éxitos más reconocidos se todas su época. 

La primera parte fue cómo una ceremonia divina para los que amamos el catálogo primerizo del artista, material de una época donde aspiraba a competir en la liga de los grandes del rock americano, véase John Mellemcamp o Bruce Springteen, aunque aquellos días disten en la lejanía el artista canadiense todavía tiene el carisma y fuerza para rememorar a la perfección aquella etapa. Reckless, su obra cumbre, fue quien tuvo más representación en la primera parte del espectáculo. Shes Only Happy When Shes Dancin fue una enorme sorpresa, le siguió una no menos enorme Run To You, con una introducción de guitarra más extensa con menos presencia de teclados, la power ballad Heaven con el público cantando la primera parte y el rock sucio con tintes de hard rock en Kids Wanna Rock, con solo final de batería, dando ya por bueno el precio pagado. Entre medias había caído la segunda nueva pieza, la rockabilly Gone Down Rockin,demostrando que el artista todavía tiene cosas que ofrecer.

Con Its Only Love siguió la fiesta con el guitarra Keith Scott haciendo de Tina Turner, guiño a la época pre Reckless con This Time del Cuts Like A Knife, enorme elección, una canción que deriva del rock más añejo, y cómo colofón de esta primera parte la canción por excelencia del artista Summer of 69. Menos de una hora de concierto y el artista ya ha desgranado prácticamente lo mejor de su carrera. Cómo si de una obra de teatro se tratase, la entrada en escena de la guitarra acústica marca un antes y después dentro del concierto ya que es cómo si de dos actos bien diferenciados se tratase. El artista, acústica en mano, se siente muy cómodo destripando algunas canciones con la única ayuda de su voz, cuyo estado vocal, por cierto, mantiene a la perfección. Su rota voz hace alarde de su buen estado a sus 56 años, potente cuando la canción lo requiere o perfectamente melódica cuando se bajan revoluciones. En este apartado, será When Your Gone, la celebre canción que se apostó en las listas de éxito de todo el mundo con la colaboración de la Spice Girl, fue la primera que escuchó íntegramente en formato acústico. Le siguió la inevitable (Everything I Do) I Do It For You, esta vez con banda.


La chulesca If You Want To be Bad You Gotta Be Bad fue la parte divertida del show, con una chica de la audiencia elegida por el propio cantante bailando íntegramente la canción mientras era proyectada por las pantallas. Tras Here I Am, canción incluida en la B.S.O. de Spirit, que pasó sin pena ni gloria, remontan el vuelo con el primer single You Belong To Me y la última que sonó de Reckless, la inmortal Somebody. Cómo comentaba previamente, el concierto estuvo compuesto de dos actos bien diferenciados, uno primero de rock festivo, y un segundo más pausado que alternó buenos momentos con otros más pausados y quizá menos afortunados. Es el caso de sonar del tirón I'll Always be Right There y Have You Ever Really Loved a Woman, dos baladas de 18 Til I Die. Sería este disco el que tendría mayor protagonismo en la parte final de la velada, con las potentes 18 til i Die y The Only Thing That Looks Good On Me, canción que cerraría el show. Pero no me podría olvidar de la canción que daba título al disco de 1983, Cuts like A Knife, con todo el pabellón cantando el estribillo al unisono.

Finalizada la parte principal del show, la banda retoma su última entrega discográfica para abrir los bises con Brand New Day, dando por concluida la representación de Get Up!. El tema es enlazado con una cover, la famosa canción de Eddie Cochran, C'Mon Everybody, un clásico en los conciertos del canadiense. Se retiran los músicos a bambalinas dejando el escenario despejado para que sea de nuevo el rubio cantante con la única ayuda de su acústica quien centre las miradas. Secundado por un formidable estado vocal, el canadiense arriesga demasiado con un fin de show demasiado intimista, quizá lo mejor es tomárselo cómo una bonita manera de brindar un final de show de regalo. Suena She Knows Me, una de las piezas escritas de puño y letra por el mismo que fue incluida en el álbum de covers Tracks of My Years, la preciosa balada Straight From The Heart, en la que se anima con armónica tal Bob Dylan, y finaliza con All For Love, originalmente cantada junto a Sting y Rod Stewart, con todo el pabellón cantando al unisono cómo si de los mismo mosqueteros se tratase, todos para uno y uno para todos.

En resumen buenas sensaciones una vez el telón cae sobre el escenario, siempre se hecha en falta algunas canciones, cómo la nula representación del Heat of The Night, pero el variado cóctel presentado que propone Bryan Adams tras 36 años de carrera tiene el suficiente octanaje para seguir corriendo.




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About Toni Martos

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