(CONCIERTO) The Winery Dogs - Barcelona 12 de Febrero 2016


Han pasado unos días después de la nueva visita de The Winery Dogs a Barcelona, básicamente porqué no quería que la emoción post concierto me nublara la mente a la hora de transcribir la crónica de lo vivido la pasada noche de miércoles 10 de Febrero. Pero es francamente imposible evadirse de cualquier tipo de emoción en el momento de rememorar semejante celebración de música vivida en la barcelonesa sala Apolo, el trío más dotado del panorama actual nos volvieron a ofrecer lo mejor que llevan dentro, fue hora y media de concierto donde difícilmente se puede encontrar algún pero.


Enorme y merecida expectación para recibir de nuevo a los perros del viñedo a nuestro país (con sold out en Madrid y cerca de conseguirlo en Bilbao y Barcelona), dentro del correspondiente tour de su último flamante trabajo, de nombre Hot Streak. Cualquier excitación previa estaba más que justificada, no en vano, el trío formado por Mike Portnoy, Ritchie Kotzen y Billy Sheehan ha conseguido ser tratados como una única entidad, son sinónimo de calidad y espectáculo, gracias principalmente a esa enorme colección de canciones que atesoran sus dos discos publicados hasta la fecha. Lejos de alardes de virtuosismos vistas las enormes cualidades técnicas que atesora el trío, The Winery Dogs muestran ante todo un enorme tratamiento por la canción, dejando al margen cualquier añadido para el lucimiento personal.

Con el aforo rebosando el lleno, el grupo sale a escena a la hora señalada y siguiendo los patrones de este segundo trabajo, el concierto arrancó con Oblivion y Captain Love. Desde buen inicio se nota que la complicidad entre los músicos es total, desprendiendo un buen rollo que se trasmite a la audiencia,  sobretodo por parte de Portnoy, que a pesar de estar detrás de los parches, es quien más interactúa de los tres con el público.  Sobre las habilidades técnicas de los músicos poco a añadir a aquellos que conozcan su bagaje, el ex Dream Theater es tan fiable como un reloj suizo, mantiene el ritmo sin cometer fallo alguno, por su lado el eterno Sheehan mueve los dedos a lo largo de todo el mástil de forma tan única que a la mayoría de humanos nos costaría alguna rotura ósea sólo de intentarlo, y Mr Kotzen dio muestras de su privilegiada voz (aunque le costó entrar en calor) y de su no menos habilidad con su Telecaster, sin la necesidad de usar púa. 




Por supuesto el eje central del concierto fueron los temas pertenecientes a Hot Streak, hasta ocho piezas cayeron. A pesar de sonar de maravillas, fueron las pertenecientes al disco debut las más celebradas por el público,  muestra de ello fue la reacción del respetable con los primeros acordes de We Are One, que se intercaló entre las primera dosis y la funky Hot Streak, que da título al plástico. How Long sonó igual de contundente que en disco, al igual que Time Machine, de su primera entrega. Portnoy, con ayuda de cencerro, introduce otra nueva, Empire, instando a los asistentes a elevar el fervor de la sala, que se muestra entregado y efervescente con las perteneciente al debut y observador y tranquilo ante las nuevas.

Momento íntimo de la noche, se queda solo en el escenario Kotzen acústica en mano para presentar la sensible Fire, en esta parte del concierto su voz ya esta en perfectas condiciones. Vuelven sus compañeros de bambalinas y el apuesto vocalista suelta la guitarra para sentarse en el viejo Wulitzer y deleitarnos con Think It Over,  un tema con tintes soul interpretada de manera magistral,  como si de una misa golpe se tratara, enorme tratamiento vocal de Kotzen, se nota que ya está en plenas facultades.

Recupera el protagonismo Mike Portnoy, con un breve solo que sirve de introducción para The Otherside, uno de los temas más aclamados de toda la noche,  que acaba tal y como empezó, con un solo de Portnoy, pero esta vez fuera del kit golpeando todo lo que se va encontrando por el escenario, dese las tablas a los micros pasando por el bajo. Le sigue otro solo, ahora le toca el turno al fundador de Mr Big, quien hace un solo brillante pero demasiado largo. Ghost Town recupera el ritmo de concierto, con una velocidad de vértigo, que justamente será la última canción que suene de Hot Streak. Con dos piezas del primer disco cierran el acto principal de la velada: la preciosa I'm No Angel y la potente Elevate.


Vuelta al ruedo con Kotzen de nuevo pilotando la nave desde el Wulitzer,  ahora con la frágil Regret, y cierran la noche con la coreadisisma Desire, que intercalan con I Want to Take You Higher, de la negra  Sly Family Stone. Entre aplausos y vítores el grupo se despide hasta nueva ocasión, con Sheehan micro en mano asegurando un pronto reencuentro.

Nueva lección de profesionalidad y calidad, dando otra clase de música,  donde uno puede asistir independientemente si te gusta el currículum anterior de cada uno de ellos. El repertorio y el buen hacer sobre el escenario hace de un concierto de The Winery Dogs en una experiencia única. 
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About Toni Martos

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